Siempre el visitar Europa, el llamado viejo mundo es toda una experiencia, y para los románticos quizás Paris representa uno de esos lugares que al menos una vez en la vida debemos visitar, Ni hablar de Praga o Budapest, este último, fue uno de esos destinos no planificados en ninguna parte al cual llegue por mera casualidad, aunque la vida me ha enseñado que las casualidades no existen. Budapest es una ciudad mágica que de un momento a otro se me vino sobre los sentidos. Una urbe bañada por el Danubio, ubicada ciertamente en el corazón de Europa central. Durante años permaneció tras la corina de hierro y luego de la caída de los llamados socialismos reales se hizo más occidental y libre que el propio Madrid.
Allí late desde hace siglos una tierra llena de edificios hermosos, puentes de ensueños, junto a una cultura e historia apasionantes.
Me sorprendió Hungría, y más en concreto su capital, misma que durante dos días de caminar y caminar me alucino con encanto. Estando allí entendí por qué es considerada el Paris del Este. Una ciudad que ha sido fuente de inspiración para numerosos artistas, poetas y que sólo el caminarla invita a una exposición visual de belleza, a la cual su rio, el Danubio Azul le da una impronta de romanticismo. Y no es que no quisiese conocerla, es qué, por el tiempo del programa contratado con la agencia de turismo y los costos asociados durante aquel viaje por Europa no estaba programado el visitar otros lugares; y tampoco presupuestado en mi bolsillo. El ir en aquella oportunidad al corazón de Europa, no era un viaje que yo quisiera hacer solo, pues era un destino para hacerlo junto a alguien especial y consagrar esos recuerdos. Sabía de la belleza del lugar, pero no había jamás imaginado que la realidad era aún más impactante. En aquel entonces, mi separación era muy reciente y esa pareja no existía, más bien este viaje por España y Portugal eran el resultado de un proceso de sanación y lejanía muy necesarios, había querido ir por Hungría, pero hace entonces solo era una idea o un deseo a futuro. Por eso, cuando recibí la noticia de que se sortearía un boleto de Wizz Air con destino a Budapest y dos noches de alojamiento con desayuno en el nostálgico y añoso hotel Neteen Budapest Centre, no lo pensé dos veces, pregunté cuáles son las bases del concurso entre todos los 46 asistentes al tour que en ese momento realizaba, por Portugal, recorriendo también hermosos lugares como Lisboa, Sintra, Cascais y Estoril, viaje había planificado desde Madrid, así no dude en participar y compartir con mis compañeros de aventura, por cierto en su mayoría matrimonios de la tercera edad o parejas recién casadas.
Al concurso se entraba siempre y cuando se cante un trozo de una canción de Fado en la cena ultima del programa, y sea esta actuación la más aplaudida, entre otras varias penitencias, juegos y concursos que vendrían a continuación. Allí y por arte de magia y perdida absoluta del sentido del ridículo se me abrió una puerta hacia un destino que no veía posible en el corto plazo y que haría solitariamente.
Fue así como comenzó mi travesía de dos días por Budapest, lugar que añoro volver a visitar, pero con tiempo suficiente para recorrer sus museos y probar su gastronomía, recuerdo el Gulasch, sopa con trozos de carne, mucha sazón y vegetales, el Lángos, preparado con pan frito, crema agria y queso azul, y las ricas Palacsinta o crepes húngaras. De esto hace ya algunos años. Para volver entonces solo falta la musa, el boleto y los recursos suficientes, las ganas siempre están…
