Durante año 1994 aun siendo muy joven, me toco visitar Trípoli, allí pude palpar como convivían dos mundos en armonía, la tradición musulmana y la modernización impulsada por el coronel Gadafi fiel representante del sentimiento panafricano, quien lideró Libia desde 1969, empujando una revolución cultural que derrocó la monarquía del rey Idris, quien se encontraba en Turquía en asuntos de Estado. Gadafi entonces instauró un Consejo de la Revolución que declaró al país musulmán y laico de orientación nasserista, (movimiento revolucionario de Egipto que proclamaba el fin de la monarquía), se inspiró en políticas de desarrollo de corte socialista, y empujo la llamada “Revolución Verde”, reparto de tierras, y emprendió una reforma agraria y productiva sin precedentes. Impulsó un sistema de seguridad social, asistencia médica gratuita y participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas del Estado. Todas acciones que irritaron a la élite y que le fueron sumando enemigos; particularmente de la banca internacional, pues Gadafi se negaba a la injerencia del FMI y Banco Mundial en el país que este dirigía. Estando allí pude conocer no solo un moderno, aunque pequeño aeropuerto y pernoctar 4 noches en el Hotel Al Waddan, un histórico e incluso romántico hotel de la capital, situado frente a la bahía con una vista muy linda hacia el mediterráneo. También pude visitar el imponente castillo rojo, la plaza verde, el museo nacional de Libia, caminar por el arco de Marco Aurelio, pasear una mañana por la Lepcis Magna, una ruina arqueológica que se remonta a la república de Cartago, ubicada muy cerca de Trípoli. Ver por doquier imponentes y bellísimas construcciones romanas en buen estado de conservación, y probar por primera vez el cuscús, pero lo más importante fue conversar con la gente; incluso pude visitar su catedral, naturalmente, convertida en mezquita, es decir, templo musulmán.
Esta experiencia personal creo al propósito de ejemplarizar como occidente construye miradas y estereotipos, como presenta una realidad mediática, calculada y con un sesgo importante, siendo otra la verdad. Recuerdo una conversación con el típico taxista del rápido tour, quien me comento que antes del mandato de Gadafi, casi no existía una red electricidad, y me platico que esta empezó a llegar de manera gratuita a la población, y como aquello había impactado la vida de los habitantes, al igual que el agua potable, sacada del mismo océano. Hablamos como los servicios médicos y la alfabetización se habían incrementado y como el desarrollo del turismo servía para mostrar la verdad del país. Quiero aclarar que no hago una defensa del entonces mandatario, ni justico sus 42 años en el poder, solo aporto que el país que visite en 1994 no era una cárcel, no estaba empobrecido y como el ciudadano corriente era orgulloso de su realidad y circunstancia.
Solo como referencia y dada la vinculación con lo expresado me parece oportuno mencionar la etimología del término panafricanismo, pan proviene del idioma griego y significa (todo o su totalidad) y africanismo, acto que comprende deliberación, mandato, ejecución y liberalización de la identidad africana.
Si revisamos las incidencias que permiten la conjugación y definición de los procesos panafricanos, y la naturaleza del panafricanismo es claro advertir que estas se expresaron como movimiento y expresión del autorreconocimiento, sentido de pertenecía identitaria y ánimo de emancipación, asuntos sobre el cual Libia se sentía orgulloso.
